“Ayer” es una colección de poemas hechos en el desamor. Un texto de carácter intimista; un intento de explorar los límites de la palabra para comunicar sensaciones que escapan a la razón.

martes, agosto 03, 2004

Fer...

Son tres puntos
y nada más;
tres puntos,
que lo son.

El primero:
es la verdad.
Tan libre y
serena,

tan sencilla
y cercana,
que alumbra
como el sol.

Tu honradez
es quijana,
y afable al
corazón.

Tres letras son,
y nada más…
el nombre,
que nos das.

Lo que sigue
es tu amistad,
que alegra
la vida,

con tu virtud
castellana
y su alma
tranquila.

Esmerado
ruïseñor,
de letras
altavoz.

Tres puntos, tres,
y nada más.
tres puntos…
terquedad.

Y el tercero
son tus versos.
La luz de
la noche:

palabras que
tú estallas,
y escribes,
en la Red.

Sentidos que
tú explotas…
y oímos…
al postre.

Tres letras, tres,
y ni una más:
Fernando
Lozoya…

El extraño

Esta mañana
salí a dar un paseo
como cada día
al despertar.

Bajo el sol de mi ciudad,
sentí re-despertar
en aquel bocho enamorado,
que otrora fue de los dos.

¡Cuán felices esos niños,
que alborotan El Retiro!
Se advierte en su mirada:
nada tienen que olvidar.

Paseando por la Villa
-pues ésta también lo es–,
estaba yo esta mañana
recordando lo que fue.

¡Quién tuviera cinco años!
un par de amigos,
la tarde libre
y quizás un viejo tren.

Acompañaban mis andares,
altos chopos y encinas agitadas,
mecidos por la misma magia
que acaricia mis ojos empañados.

Las cosas parecían tan reales...
¡nuestras fotos cobraban vida!
aunque yo allí sólo estaba
para escribir que tú no estás.

Volviendo a mi cabeza
-que jamás me da cuartel–,
me asaltaron dos preguntas
-las de siempre–, una vez más:

¿cómo estás?

¿qué pasó?

Y de repente, nada más.
Volví a hacer lo que hago
cuando siento que no estás
y que podría ser verdad:

Cerrar los ojos,
contar a tres,
echarme al cesped,
y esperar...

Mas hoy fue de otro modo,
es decir, bueno sí, o más bien no.
Tal vez hoy hubo algo nuevo,
algo distinto, cambiado.

Hoy me he dado cuenta:
jamás volveré a escucharte,
y que de llegar a hacerlo,
ya no será tu voz.

Tabú

Estoy pensando en eso;
en ese eso que tú sabes
que sentimos a la vez.

En eso que nunca dirás,
que tampoco escribirás
y no quieres ni escuchar.

Llámalo muerte, amor,
o tal vez enfermedad...
llámalo adiós... por hoy.

Estoy pensando en eso,
que descartas sin pensar,
y jamás pronunciarás.

Que separa a los iguales,
para unir a los distintos,
hacia el atardecer.

¿Cómo será todo sin ti?
¿cómo será no esperarte?
¿y cómo no poderte ver?

Estoy pensando en eso,
en eso que te asusta,
y enmudece tu expresión.

No lo llames, ya vendrá,
a besar mis labios frios,
y a despedir la libertad.

¿Cómo será todo sin ti?
¿cómo volver a sonreir?
¿y no llorar después?

Estoy pensando en eso,
que no me deja pensar,
ni volver a despertar.

La foto

Sólo es una foto.
Una foto de periódico.
La foto de un extraño,
ajeno, lejano, irreal.

Sólo es una foto,
la misma foto de siempre.
Esa foto.
La foto.

Sólo es una foto,
y las fotos no lloran,
ni tienen miedo,
ni hambre.

Sólo es una foto.
Es la foto de un niño
que mira al objetivo
y no ve a nadie.

Letras muertas

Esos versos que no llegué a escribir,
esas letras que quise escuchar,
esos papeles que no pude encontrar,
aquel destello que no pude anotar...

Duelen, como sólo tú puedes doler,
como duele el olvido,
así duele no querer.

Esos sueños que jamás podré dormir,
como duele el olvido,
como duele un adiós.

Duelen, como si no fueras a volver,
como duele un amigo.
así me llega a doler.

Tu nombre

Si la pasión tuviera un sentido,
sería el suave roce de tus manos.
Si la bondad tuviera un color,
sería el fondo marino de tus ojos.

Si el cielo tuviera un sabor,
sería el de tus besos.
Si el amor fuera un despertar,
tu ausencia sería oscuridad.

Si el amor y el cielo,
la bondad y la pasión
tuvieran un nombre,
ese nombre sería el tuyo.

Hoy

Hoy he sabido que ya es mañana.
Siempre supe que algún día sería hoy,
pero me negaba a saber tal cosa,
como si cada día empezara un nuevo ayer.

Ahora sé lo que ya sabía:
que los "ecologistas" tenían razón.
Mas, ¿cómo podía ser cierto?
¡si hoy es como ayer!

Diecinueve noches, veinte días,
diez minutos, quince horas.
Y en sólo diez segundos...
qué más dá: ya es mañana.

Hoy he sabido que iba a escribir esto,
lo había pensado antes
-no de veras, claro–,
pero es verdad: mañana, no habrá Sol.

Ocaña

Verdes laderas de Sierra Morena
guardáis secreto en la memoria,
de la más triste y bella historia
que se ha cantado a la Macarena.

Placer y amor,
dulzura y luz,
calor y vida;
¡Libertad!

Cuando agitas mi voluntad
y comprometes mi destino,
no es pecado, es mi camino
lo que rompes sin piedad.

Lo que yo doy
tú me lo ofreces,
lo que tú das
me vuelve loco.

Tu sudor resbala a media luz
entre las sombras de mi ventana,
que el Sol penetra esta mañana
en tu furor de bravo andaluz.

Todo tu amor
y toda mi fuerza;
tu mayor hombría
y mi mejor ternura.

En tu pintura prende mi pasión,
mientras tu alma enciende mi deseo,
el mismo que quema cuanto poseo:
mi Libertad, que arde en tu corazón.

El mendigo

¡Atrás quedaron tantas cosas!
Atrás, con mis errores,
mi familia que no es mía
y esas imágenes sin gobierno.

Atrás, junto a los sueños,
atrás, con la niñez,
junto al pupitre y mis amigos,
y los embates de la mentira.

Atrás quedó la inocencia,
atrás quedaron tantos sueños,
atrás, con los proyectos,
el deseo y la ilusión.

Atrás, junto al olvido,
atrás, como yo mismo,
atrás quedamos los errados,
incrédulos del mal.

Atrás, con los recuerdos,
las apariencias, el sexo,
la vida, el tiempo, Dios,
dinero, amor, ternura y fe.

Tiempo ha fui un bebé:
lloré y crecí como tú,
estudié, luché y amé,
pensé, aposté y perdí.

A veces anhelo tu vida,
como tú odias que yo exista,
como yo exijo mi justicia,
que tú pretendes poseer.

Miradas

Te miro y no te veo,
y me oyes, pero no.
Me quieres y te quiero,
pero verte... eso no.

Nos vemos sin mirarnos,
perdidos a lo lejos.
Gritamos sin saber,
si hablamos a la vez.

Me miras y no me ves,
y te oigo, pero no.
Te quiero y me quieres,
pero verme... eso no.

Quiéreme, alma mía,
que sin ti muero cada día;
tu mirada son mis ojos,
y tu palabra... la vida.

Ausencias

Cuando tú no estás,
el aire no se mueve
y solamente pienso
en cuándo volverás.

Cuando tú no estás,
el tiempo se detiene
y lo único que siento
es no poderte abrazar.

Cuando tú no estás,
el vacío lo llena todo
y mi único deseo es...
quererte un poco más.

Cuando tú no estás,
yo tampoco estoy;
nada hay, nadie está
cuando tú no estás.

Esta mañana

Esta mañana al despertar
y ver tu tierna sonrisa;
al sentir tus suaves caricias
y rozar tu piel hermosa.

Esta mañana,

supe que todas las lágrimas,
que todas las decepciones,
todos los llantos y golpes
valieron la pena, porque

esta mañana,

he descubierto que la felicidad,
la Felicidad -cariño mío–,
la felicidad es cada instante,
cada momento, junto a ti.

Esta mañana,

esta mañana... ¡ah! esta mañana.
¡Qué no habría hecho yo esta mañana!,
Quise darte un abrazo infinito,
y fundirme contigo, esta mañana.

Esta mañana...

esta mañana no tendrá tarde,
ni nubes, ni noche, ni horas,
ni otra que se le parezca.
Esta mañana será siempre.

Soñarte

Cerré los ojos y te soñé,
no esperaba dormir,
-y mucho menos soñar–,
tan sólo cerré los ojos
y te soñé.

Ni siquiera era de noche
-dormitaba por hastío–,
cansado de sólo imaginarte,
harto de tu vacío,
recordando este futuro.

Llegué incluso a creer,
que así como yo a ti te soñaba,
me soñabas tú también...
que nuestros sueños tenían lugar,
aunque sólo fuera entre tú y yo.

Habré soñado tantas veces
tu mirada, tu ternura y tus abrazos,
tus palabras, tu cariño y tus cabellos,
que si algún día llegaran a faltarme,
no volvería a despertar.

Cerré los ojos y te soñé,
no esperaba dormir,
-y mucho menos soñar–,
tan sólo cerré los ojos
y te soñé.

¿Por qué?

Hablas de amor,
amor;
con palabras que ignoras
si llegan a mi orilla;
con destellos que no sabes
si alguna vez veré.

Hablas de amor,
tal vez;
sin saber lo que es amar,
amor;
sin pensar que tus palabras
no son nada...
nada más.

Hablas de amor
-amor–,
y practicas mi final;
un simple adiós
a media voz,
por las palabras...
que no dirás.

Silencios

Escucho a oscuras los silencios que has dejado,
tan fríos y azulados que se antojan irreales.
Silencios que de noche parecen desiguales,
silencios alejados, como ecos del pasado.

Escucho a solas los compases que hoy no tocas,
parecen tristes olas, que añoran sus luceros.
Noche-nueva oscura, de semblantes insinceros,
quebrantas mi cordura y los sueños desenfocas.

Escucho en la noche tus matices inaudibles,
redobles que son broche de mágicas canciones;
sonidos de antaño, hoy regresan impasibles.

Escucho en mis recuerdos rogarte mil perdones,
y respondes sin palabras, palabras terribles,
palabras que no saben que tú eres todas mis razones.