“Ayer” es una colección de poemas hechos en el desamor. Un texto de carácter intimista; un intento de explorar los límites de la palabra para comunicar sensaciones que escapan a la razón.

domingo, octubre 02, 2005

Un mar de sueños

A veces, cuando no estás,
observo esa ventana
de añil —ya blanco—,
en la que guardas el mar.

Y hago como que olvido,
como que no existes…
que no sé quien eres,
ni conozco tus manos.

Y en verdad no sé quien eres,
no sé, ni si no eres,
ni donde estás… si estás.
Porque no sé nada de ti.

Entonces, lloro a escondidas,
porque los días pasan,
porque el tiempo se va,
y porque me duele la vida.

Porque a veces, cuando no estás,
oigo cristales que se me rompen
y me hieren entre las sombras,
a resguardo de mi vergüenza.

Entonces, la ventana te añora,
y mis lágrimas se mezclan
con las del mar…
el mar, que tú mirabas.

Porque sucede que a veces,
a veces, vivir me cuesta tanto,
que noto que tu ventana me mira,
y sonríe confiada, y me canta:

“…Ya sé que estoy piantao,
piantao, piantao;
yo miro a Buenos aires,
el nido de un gorrión…”.

Entonces, me acobardo,
dejo de llorar,
me oculto de mi alma,
y aún pienso que… pero no.

Entonces, regreso al trabajo,
frente al mar -pero sin él-,
junto a la vieja ventana,
esperando la nada, sentado.

Será que lloro para nadie,
será que no sé llorar,
que la razón no me encuentra
y el mar… ¡ah! el mar.

Mas, me queda tu recuerdo…
y aquel añil -ya blanco-
de tu vieja ventana.
¡Casandra de madera!

Me quedan las gaviotas
—supongo—, y la brea…
y me queda la silla,
y las paredes oscuras.

Y me quedo yo, sin ti;
triste, junto al mar triste,
porque el mar te echa de menos,
como solo el mar puede sentir.

Argentina

Así como las
rosas derraman con sus
gotas el
embrujo de
nuestro despertar; así
te siento yacer hoy,
inerte sobre la
nieve que los
Andes besarán.

Delirio creativo,
edén azul y austral.

Montes esmeraldas,
inabarcables a la razón.

Cien mil veces me
oirán, tu nombre
recitar:
“Argentina, Argentina…”.
Zaguán del paraíso,
ondea tu Sol al viento;
¡nunca vuelvas a llorar!

Venganza

Maestro en el arte de la espera,
adueñado y sometido por mi odio;
cada paso es un nuevo episodio,
que me aproxima a la acción certera.

Permanezco tranquilo a tu vera,
se diría, soy tu ángel custodio;
mas pensar lo cercano del podio,
exalta mi sangre sobremanera.

Me revuelco entre mi propia ira,
y llego a llorar de satisfacción,
viéndome arrancarte la vida.

Destello de rabia en mi corazón:
lento estoque y obscena herida,
derrama tu suerte con mi punzón.

Los otros

En los océanos de la mentira,
donde apenas alcanza la mirada,
se encuentra una nave extraviada,
repleta de almas a la deriva.

El pequeño Hadmed ya no respira,
y su madre llora desconsolada.
Ojos tibios y expresión helada…
apenas una lágrima escondida.

Tragedias griegas en el desayuno,
noticias que no hablan de nosotros:
huevos fritos con bacon y un zumo.

Laderas verdes, caballos y potros…
Por nacer en el lugar oportuno,
casi olvido que soy como los otros.

¡Qué bueno!

¡Qué bueno que existas!
que hagas las cosas sencillas,
que te pueda contar el día
y besarte sin parar.

¡Qué bueno que existas!
que bueno saber que me quieres;
que estás ahí, que no te irás
y abrazarte al regresar.

¡Qué bueno que existas!
que aparezcas en mis sueños;
que aparezca yo en los tuyos
y éstos sigan al despertar.

¡Qué bueno que existas!
que tu ilusión sea la mía;
que mi vida sea nuestra
y ya no esperar más.

¡Qué bueno que existas!
que me hables con la mirada;
que te responda sin palabras
y no se vaya a terminar.