Camarada Trenado
Ahora que la Memoria Histórica es de Ley (aunque la ley no siempre se ajuste a Derecho, ni ambas cosas, a la Justicia), me he decidido a escribir algunos versos para expresar respeto y agradecimiento hacia del dolor de toda una generación de mujeres: esposas, madres, novias y hermanas de los presos políticos del franquismo. Estos renglones valen tanto para las mujeres de aquel tiempo como para las de cualquier época, y no pretendo ignorar que también existen presas, cierto es, pero estos versos de hoy, se dirigen precisamente a las olvidadas, a su dignidad, a su discreto heroísmo cotidiano y a su infinita ternura.
Camarada Trenado
De tus lágrimas, el olvido;
de la razón, la firmeza.
De aquellos años, la esperanza;
y en nuestros días... dignidad.
Aquellos postes enlazados...
y el traqueteo en soledad;
frugal resuello de Castilla,
andén desnudo, de Libertad.
Cada día con sus horas,
y todas ellas en singular,
con tu constante acto de lucha,
abrías el cerco a la bondad.
Rompías la noche oscura
con el rocío de tus mejillas,
y cada viaje hacia la nada,
era un camino a la ternura.
Tu seguro amor discreto,
como el de un sol que nadie ve;
no puede ser recuerdo extraño,
ni cosa de una sola mujer.
Oídme bien, rehenes de España:
¡Salid a ver a vuestra madre!
¡Volved los ojos a la mujer!
que algunos miran, sin saber.
Gracias, Máxima, y Rosa, y Ángela,
y gracias también, Federica y Libertad;
gracias Empar, Teresa y Ludivina.
Gracias mamá. Gracias, mujer.